Historia de familia

En casa de Yeni viven 10 personas, el abuelo hace mandados y pelea con los jóvenes por su irresponsabilidad, y por tener la mente y el corazón en España, a donde tal vez podría llevarlos el origen de sus ancestros. Todos entran y salen sin mucho contacto, sólo están todos en la madrugada, cuando Yeni no ha tenido “trabajo” en el Malecón habanero y Pedro, su padre, ha venido a dormir.
Cada cual comparte lo que tiene, y pone en la economía común una parte de sus entradas, menos los niños, a quienes se les pide estudiar y portarse bien, para que puedan salir adelante. Los abuelos suelen bendecir los alimentos y hablar de Dios en la comida, cuando alguien más se sienta a la mesa, aunque Pedro y Yeni prefieren tocar la campanita en el altar a Ochún.
A veces están juntos los domingos por la mañana mientras suena un dominó y retumba un reguetón. El de la semana pasada fue especial, Yeni contó que le ofrecieron trabajo en una buena peluquería y que saldría con Julito, “el que trae la hostia a la abuela”, que le está robando el corazón.

Sembrando respeto y valores

Cada encuentro con los niños en la catequesis en las tardes de dominog  es una linda experiencia para mí, es una siembra con la esperanza de recoger verdaderos hombres y mujeres de bien, verdaderos cristianos, con valores que dignifican al hombre, viviendo en la esperanza de un día ver el fruto.
Los cristianos nos ocupamos en la tarea de que nuestros niños no pierdan la autenticidad cristiana.
Hoy en día se reconoce que la mayoría de las personas, niños y adultos, no tienen conciencia de lo que significa la dignidad de la persona humana y el derecho que le asiste a vivir y desarrollarse en esa dignidad siempre ascendente y nunca en degradación.
Si todo animal y vegetal merecen respeto porque en ellos hay vida, ¡Cuánto más respeto merece el ser humano que tiene una serie de cualidades que lo asemejan a Dios!

Madre

Si estoy triste me alientas
porque nada te complace más que mi alegría.
Si tengo hambre me alimentas
porque para ti no hay más alimento que el que me sobra
Si me hacen daño, me defiendes
porque soy para ti lo más importante del mundo
Si estoy contento, ríes
porque no hay mayor alegría para ti que mi sonrisa.
Tienes la fragancia de las rosas de mayo en mi jardín,
la suavidad de la brisa en el penacho de la palma,
y el arrolluelo del monte envidia el murmullo de tu voz
Por mi esperas siempre, de mi perdonas todo,
aunque no llegue a tu altura,
como Dios.

Síguelo

Dios es el Historiador de tu vida,  vivirá siempre y estaba antes, desde siempre. Jesús no falla a nadie, lo veo en mi vida y en la de la gente que me rodea, aunque ellos mismos no se den cuenta.
Te invito a acoger su compañía, Él es silencioso como el amor, y siempre fiel. Él es apoyo para luchar por una realidad mejor. Extiende la mano a quien lo necesita, di siempre la verdad (basta una diaria diría Solchenitsin), muestra lo que sientes, no te desesperes, y no te quedes tranquilo como si no pudieras cambiar nada, tú puedes.
Síguelo y escúchalo, sólo a Él.
Él prometió “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20)
Foto: Orlando Guevara (Bigote)

El derecho a expresarse

Tengo un amigo que hace hoy siete años que está preso por decir libremente lo que piensa en cuestiones de política y sociedad, y por pedir cambios para Cuba. Lo acusaron de servir a una nación extranjera. De esto último no sé, yo sólo lo vi usando su derecho a expresarse aunque no se lo reconocieran.
La libertad de expresión es un derecho inalienable, hunde sus raíces en la libertad del ser humano de tener su propia visión del mundo y de actuar en consecuencia, y en la libertad de abrise a lo trascendente, y practicar con otros su propia experiencia de Dios.
Hoy te pido, querido internauta, que unas tu oración a la mía, para que en Cuba no más sea un delito el que un grupo de personas pida pacíficamente en una calle que cambie la suerte de su famillia; para que los que sufren prisión de conciencia tengan el consuelo especial de Dios, y vean pronto realizadas sus legítimas apiraciones; y también por los que son parte del Estado, para que no vean en los que disienten un enemigo, sino un aliado que piensa distinto, con el que se puede trabajar por una Cuba mejor.

Que otros sean preferidos

El Cardenal Merry del Val escribió hermosas oraciones.
Ésta es la que rezaba a diario, al terminar la Misa:
Oh, Jesús, manso y humilde de corazón, ¡óyeme!
Del deseo de ser estimado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser amado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser elogiado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser honrado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser ensalzado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser preferido… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser aprobado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser humillado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser despreciado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser rechazado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser calumniado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser olvidado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser ridiculizado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser injuriado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser sospechoso… ¡líbrame, Jesús!
Que otros sean más estimados que yo…
Que otros sean más amados que yo…
Que otros crezcan en la opinión del mundo,
y que yo disminuya…
Que otros sean empleados en cargos,
y se prescindan de mí…
Que otros sean ensalzados, y yo no…
Que otros sean preferidos a mí en todo…
Que otros sean más santos que yo,
con tal que yo lo sea en cuanto puedo…
¡Jesús, concédeme la gracia de desearlo!

¿Hacia dónde vamos?

Sólo acercándonos a Dios, sabemos hacia dónde vamos, encontrando la verdad, viendo en Cristo su Hijo nuestro Salvador, santificado por el espíritu. Dios no ha querido ubicar a los hombres en un plano individual y sin vínculo entre ellos, ensimismados y olvidados, sino que nos entregó a su Hijo, para que como un gran árbol nos una mediante sus ramas para lograr ese fruto que contagie con su sabor a cada hombre sin distinción de ninguna clase.
En América Latina muchos cristianos nos hemos incrustado en el proceso de liberación, que vivimos y sufrimos los pobres, para buscar una sociedad sin explotados ni explotadores. La perspectiva social no es extraña para el Evangelio, “debemos girar alrededor de los demás y no hacer que los demás giren alrededor nuestro”.
Instituyendo la Iglesia vemos esa divinidad como un paso a seguir por cada uno de nosotros, sin importar reglamentos, leyes o imposiciones que llevan a disputas o aislamientos de discernir con carácter y justicia lo que es bueno y verdadero, y no lo impositivo u obligatorio. Dios abre sus manos y nos muestra el bien, al igual que esas manos abiertas, acogerán a todos sus hijos en su Reino; los que luchan por la paz, la justicia, la libertad, los pecadores, los excluidos, a todos los que de una manera o de otra reclaman lo que les pertenece, aman la verdad, como lo hizo Cristo, su plan es perfecto y es su deseo que todos  entremos, ¿pero cómo hacerlo?
Continuará…

Sí a la vida, familia pendiente

Ayer encontré un amigo y al preguntarle por lo suyos me dijo que su hija está embarazada. Ella no está casada, en el corazón se me unieron dos sentimientos, por un lado el lamento por saberla madre soltera, por el otro, la alegría porque no abortó a su hijo, como hacen en Cuba muchas en su caso.
Le dije a mi amigo: “¡Qué bueno, serás abuelo!”. En lo adelante me queda rezar porque pueda acceder a la familia cristiana a través del cultivo de su fe, de matriz católica, pero en ciernes, como ocurre comúnmente en nuestra realidad.
Si bien los cristianos no debemos asumir actitudes condenatorias a las personas en esta situación, no debemos acostumbrarnos a esto por lo frecuente de estos sucesos, y verlo “como algo normal”, debemos siempre aspirar a que los niños nazcan en medio de una familia basada en el amor y la fidelidad. No podemos dejar de orar por ello, ni de poner nuestro grano de arena con nuestras limitadas herramientas.
Inecita no mató a su hija pero tiene pendiente la construcción de una familia cristiana. Yo felicité a su padre, tengo pendiente el compartirle esta opinión.

La castidad

 La Castidad: implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.  Del Catecismo de la Iglesia Católica párrafo 2339

 

De la Biblia: Eclesiástico 1,22

Enojarse injustamente no tiene disculpa, porque el ímpetu de la pasión lleva al hombre a la ruina.