¡Gran amor!

«El convertirme en madre me acercó más a Dios. Mis catequistas siempre me dijeron que Dios nos abama más que lo que nosotros éramos capaces, que nos amaba más que nuestros padres.
Cuando te tuve en mis brazos, di gracias a Dios por su Gran Amor, pues ese Amor ¡Es algo más grande que el que sentía por tí en aquel momento! ¡No puedo imaginar un amor tan  grande!. Cualquier madre entenderá bien lo que digo…»
Y cualquier padre también -repliqué a mi mamá- ahora que soy padre valoro mejor es Gran Amor de Dios, porque yo tampoco imagino cómo es posible que se pueda querer a mis pequeñas más que lo que yo las quiero…, y sin embargo, Él las quiere más

Puentera

María Cristina, cuando estés frente al Padre, ora por tu pueblo. ¡Es el hacer puentes la clave en Cuba hoy!
No la conocí personalmente, pero guardo sus largos mensajes de Email, entre mis tesoros más preciados, y en mi corazón el espíritu enorme y cristiano que traslucen.
Ella es iniciadora y mantenedora de puentes: entre cubanos en la diáspora, entre cubanos en la isla, entre cubanos de la isla y la diáspora, entre gobiernos, entre…, cualesquiera dos realidades que puedan estar separadas y que tengan algo que ver con la palma real y la estrella solitaria.
Sobrevivió de milagro a una bomba que le pusieron los extremistas en su casa en Miami en condena a su actitud de diálogo. Hay puentes que no caen con bombas, porque pertenecen al universo del espíritu de Dios que vive en el corazón de los pueblos;  en el cubano vive ese espíritu bajo la especial intercesión de La Caridad del Cobre, de quien ella ha sido gran devota, como buena santiaguera.
Tampoco sus grandes limitaciones físicas fueron un obstáculo para ella, que encontró en el sufrimiento una forma especial para acercarse a Dios. Él y Cuba fueron sus grandes pasiones.
¡Gracias María Cristina Herrera! ¡Maestra en el oficio de unir riveras!¡Puentera!
María Cristina Herrera publicó en Cuba en 2006: El vuelo de una mariposa

Presencia

Tu rostro Señor, está en las aguas
del riachuelo silencioso y transparente.
Tu voz Señor, está en el viento
que susurra en cada oido la Palabra.
Tus manos Señor, están tras cada piedra
para levantar de las caídas.
Tu rostro Señor, está en el rostro
de todo hombre y mujer de mi tierra.
Tu voz Señor, está en el gemido apagado
de cada ser humano privado de derechos.
Tus manos Señor, son las manos vacías
pero cansadas y llenas de miseria.
Tu voz Señor, es la voz mía
que te grita y te proclama
o que calla y apaña tu presencia.
Tus manos Señor, son las dos mías, usadas ya para el amor
estas dos, Señor, que pido llenes con tu Gracia.

Jesús y la mujer

por  Glisset Valdés Herrera
Jesús fue un gran liberador de la mujer. Puso en alto su valor y su dignidad. Habló con ellas (Jn 4, 27), consideró su opinión e hizo a algunas parte de su grupo (Lc 8,1-3). Tuvo singular misericordia con las pecadoras (Lc 7, 36-50), las curó (Mc 5, 25-34), las trató como seres humanos iguales en derecho a los demás (Jn 8, 1-11), gracias a lo cual algunas se convirtieron en anunciadoras del Evangelio.
Fue una mujer el primer testigo de su resurrección (Mt 28, 9-10).
Había sido una mujer, María Santísima, la elegida por Dios para la Encarnación del Hijo (Lc1, 1-ss).
¡Felicidades a ti que eres mujer y madre!¡A ti que llevas vida a los demás !

Pasé ante la puerta del mundo

Pasé ante la puerta del mundo,
una puerta sin dintel,
pasé ante ella ayer y dudé…
Atrás, como imagen vaga,
se dibujaba tu Rostro,
ése que he aprendido a conocer
tras cada máscara que usas
para llamar a los amas.
Te vi allí, desnudo entre charcos
saltando en la mañana…
Te vi, lleno de fístulas las piernas
pidiendo una moneda…
una moneda que no paga
el mal amor y la mirada escurridiza…
Te vi, en el parque, el rostro flaco,
el pelo a la cintura, desgreñado
mirada trasnochada… ida…
Te vi en la fila del avión, por sobre el hombro extranjero
que apretaba tu cintura menuda,
casi niña…
Te vi en la madre ciega,
que acariciaba y se aferraba a su pequeña
a su pequeña estrella, luz brillo…
Te vi tras las rejas y el silencio,
sintiendo el abandono
y el lavarse las manos de unos y otros…
Te vi Señor, tú no lo dudes
tu Rostro a quien lo ha visto
ya no se le desdibuja
Volví a temblar, ante la puerta,
detrás de ella el mundo.
Podía escapar, seguir de largo,
repetir discursos gastados,
aplaudidos por muchedumbres sin nombre,
seguir de largo…
también cruzar la calle y escapar
quizás desde la otra acera
sea distinta la puerta
Seguir de largo… cruzar…
¿dejarte allí?
yo ya no pude, ni quise
No fue necesario tocar
no hay timbre,
Entré al mundo para ser Rostro tuyo
para intentar ser cada día Rostro de Amor
para otros…
Y  sólo me pides…
Se mi Amor en el mundo.

¿Me amas?

¿Me amas?… Sí, tú sabes que te amo (Jn 21, 15-19)
Eso es lo que realmente importa: si amamos. Pedro había traicionado a Jesús, no tuvo valor para decir la verdad ni siquiera frente a una pobre criada. Pero el Señor no le pide cuentas, sólo pregunta por el amor.
Si hay amor la traición sólo puede ser fruto de la debilidad y por tanto hay remedio, lo prueba la cruenta muerte (y por tanto la gloria) a que se enfrentó Pedro años más tarde… al final el amor se impone.
¿Cuántas veces he traicionado?¿cuántas veces lo has hecho tú?¿cuántas veces negaste la verdad que tanto falta en Cuba…¡frente a una criadita!?¿cuántas veces flaqueamos y no damos el cariño, el pan, la paz, que necesita tu familia, tus amigos…? Si amas, hay una salida: «tira la red a la derecha» (Jn 21,6), o sea, vuelve a intentarlo. Te espera un banquete en la orilla. (Jn 21,6)

Al que mataron está vivo

Ese es el núcleo de la fe. Quien crea que Cristo ha resucitado es cristiano, la práctica religiosa y las consecuencias de esta convicción para la vida cotidiana son posteriores, la fe en la resurrección es el primer paso del cristianismo.
La muerte tiene remedio, la vida es eterna, sólo hay que acceder a ella a través de Jesucristo

Cristo ha resucitado

—Mujer, ¿por qué lloras?
—Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.
Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él.  Jesús le preguntó:
—Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.  Jesús entonces le dijo:
—¡María!
—¡Maestro! (Mc 16,9-11)
María Magdalena lo buscaba y no lo enconraba, ya no lloraba por sus pecados, ya sabía cuáles eran y que con la ayuda de Jesús podía sanarlos. Lloraba porque no Lo encontraba, ¿qué sería de ella? Así sucede a muchas personas en Cuba: la vida diaria, las conveniencias, el marasmo de «resolver», «escapar», «luchar»  ocultan a menudo a Dios, y ya ni lloramos, ni lo buscamos. Leer más