Presencia

Tu rostro Señor, está en las aguas
del riachuelo silencioso y transparente.
Tu voz Señor, está en el viento
que susurra en cada oido la Palabra.
Tus manos Señor, están tras cada piedra
para levantar de las caídas.
Tu rostro Señor, está en el rostro
de todo hombre y mujer de mi tierra.
Tu voz Señor, está en el gemido apagado
de cada ser humano privado de derechos.
Tus manos Señor, son las manos vacías
pero cansadas y llenas de miseria.
Tu voz Señor, es la voz mía
que te grita y te proclama
o que calla y apaña tu presencia.
Tus manos Señor, son las dos mías, usadas ya para el amor
estas dos, Señor, que pido llenes con tu Gracia.

Pasé ante la puerta del mundo

Pasé ante la puerta del mundo,
una puerta sin dintel,
pasé ante ella ayer y dudé…
Atrás, como imagen vaga,
se dibujaba tu Rostro,
ése que he aprendido a conocer
tras cada máscara que usas
para llamar a los amas.
Te vi allí, desnudo entre charcos
saltando en la mañana…
Te vi, lleno de fístulas las piernas
pidiendo una moneda…
una moneda que no paga
el mal amor y la mirada escurridiza…
Te vi, en el parque, el rostro flaco,
el pelo a la cintura, desgreñado
mirada trasnochada… ida…
Te vi en la fila del avión, por sobre el hombro extranjero
que apretaba tu cintura menuda,
casi niña…
Te vi en la madre ciega,
que acariciaba y se aferraba a su pequeña
a su pequeña estrella, luz brillo…
Te vi tras las rejas y el silencio,
sintiendo el abandono
y el lavarse las manos de unos y otros…
Te vi Señor, tú no lo dudes
tu Rostro a quien lo ha visto
ya no se le desdibuja
Volví a temblar, ante la puerta,
detrás de ella el mundo.
Podía escapar, seguir de largo,
repetir discursos gastados,
aplaudidos por muchedumbres sin nombre,
seguir de largo…
también cruzar la calle y escapar
quizás desde la otra acera
sea distinta la puerta
Seguir de largo… cruzar…
¿dejarte allí?
yo ya no pude, ni quise
No fue necesario tocar
no hay timbre,
Entré al mundo para ser Rostro tuyo
para intentar ser cada día Rostro de Amor
para otros…
Y  sólo me pides…
Se mi Amor en el mundo.