Ni oro ni plata

Pedro sintió compasión por el lisiado que pedía limosna y quiso ayudarlo, pero se encontró con que no tenía dinero que darle, entonces le dio lo que tenía: a Cristo. La mayoría de los necesitados no resolvemos el problema con dinero, sino con el fortalecimiento de nuestras propias capacidades, con la curación o la mejora de los males que nos aquejan, sean físicos o espirituales. Eso fue lo que dio Pedro a aquel pordiosero: lo curó del mal que le impedía ganarse la vida honradamente, y lo hizo como Cristo enseña, de manera que las consecuencias no son sólo físicas (por tanto temporales), sino espirituales (por tanto imperecederas).

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