La educación histórica y las virtudes morales

Crónicas cubanas
Hace algunos días participé en el Aula Fray Bartolomé de las Casas de los dominicos del Vedado habanero, en una profunda y valiente conferencia sobre el tema “La enseñanza de la Historia para consolidar las virtudes morales” impartida por la profesora de la Universidad y del Colegio San Jerónimo de La Habana, Dra. Leonor Amaro Cano. Debo confesarles que fui a la actividad movido por mi costumbre, pero sin imaginarme lo trascendente que iba a ser su disertación.
Puedo afirmar que con precisión y maestría, pasando por encima de los miedos que inmovilizan a algunos para la exposición clara de sus ideas, pensamientos y opiniones, la disertante fue desbrozando desde los inicios de la República en 1902 hasta nuestros días, el surgimiento de la enseñanza de la Historia de Cuba, con especial énfasis en su necesidad imprescindible como instrumento propicio para consolidar las virtudes morales de los cubanos en el tiempo. Nos habló de años de luchas muchas veces acalladas, otras desconocidas por causa de una desinformación, en mi criterio generalizada, de la verdadera ciencia histórica. Fue verdaderamente una clase magistral sobre los principales aciertos y desaciertos en la proyección y desarrollo de la enseñanza histórica que, pienso debería analizarse en un espacio con posibilidades de decisión, sin condicionamientos previos, a partir de su concepto de que la historia es la que fue y no la queramos que haya sido.
Su disertación enjundiosa y franca, además debería ser divulgada en la prensa local para conocimiento generalizado. En mi criterio, hacerlo coadyuvaría a la toma de conciencia de la significación que tiene el estudio de nuestra historia en un ámbito respetuoso de la diversidad de pensamiento así como de la libertad de conciencia y de expresión. Mientras escuchaba y asimilaba lo expresado por la destacada profesora universitaria, incluso más allá de sus palabras, mis sentimientos y mis vivencias se estremecían y comenzaron a sucederse vertiginosamente. No era necesario ser un especialista, aunque si poseer un mínimo de cultura básica y haber vivido en nuestro país, para dilucidar el mensaje directo y subliminal que personalmente interpreté. Cuando la historia es definida y escrita por los vencedores a partir de sus propios intereses, la tergiversación que se podría producir difícilmente coadyuvaría a la consolidación de las virtudes morales, por cuanto la virtud requiere de la verdad. Por otra parte, cuando la historia, que es una base decisiva para la preservación de nuestro patrimonio espiritual y cultural, se tergiversa, los acontecimientos no podrán ser comprendidos a cabalidad ni servir de instrumento educacional para formar virtudes morales.
La virtualidad interesada de quienes detentando los timones de mando de la sociedad se aprovechen para divulgar su particular versión de los hechos y los desvirtúen a favor de sus propios intereses en función de la afirmación de sus muy particulares egos colectivos e individuales, convierten a la historia en repetitiva, esquemática y no coincidente con las realidades que nos precedieron. Así nunca podría aportar fundamentos esenciales a tener en cuenta en la vida social presente y futura.
En mi opinión, entre muchas personas del pueblo, principalmente los jóvenes, como resultado de una despreocupación por una enseñanza histórica acertada así como por causa de una divulgación deficiente de la historia nacional, subsiste un determinado desinterés por los temas históricos, así como un sutil desarraigo por lo verdaderamente cubano, reforzado además por las repetitivas campañas de divulgación de determinados hechos en específico. Estas circunstancias son perjudiciales para el desenvolvimiento de una sociedad afincada en los valores con que se concibió, se luchó y se forjó la nación cubana.
Considero que estamos ante una situación preocupante que no se podrá resolver con simplismos esquemáticos, ni mucho menos con imposiciones autoritarias de criterios. Por otra parte y al margen de la conferencia, pero como consideración muy personal inducida por el tema disertado, puedo decir que la insistencia machacona y unilateral de los hechos y acontecimientos de la etapa de la insurrección y del proceso socio político cubano, como si Cuba hubiera comenzado a partir de la Revolución, determina que se desvirtúe el verdadero valor de esos hechos repetidos triunfalistamente hasta el cansancio y que muchos jóvenes de hoy se desinteresen de ellos y sueñen con otras realidades externas ajenas. De tanto imponer por medio de la autoridad una versión carente de juicios críticos acertados sobre las luchas pasadas, más allá del razonamiento, de la libertad de conciencia y de expresión, sin pensar en que el presente es distinto quizás precisamente como consecuencia de esas luchas, se producen respuestas controvertidas a la tan preocupante pérdida de valores a que asistimos, así como al hastío y al desarraigo tan dañinos para la salud de la sociedad cubana de hoy.
Finalmente, quiero expresar mi reconocimiento a la doctora Leonor Amaro Cano, de quien además poseo muy buenas referencias de parte de algunos amigos y discípulos comunes. También a Fray Manuel Uña op, promotor incansable de los ciclos de conferencias del Aula Fray Bartolomé de las Casas, generadores de conciencia, conocimiento y virtud en función de la búsqueda dominicana de la verdad.

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