Ideas, convicciones y circunstancias en el tiempo

Crónicas cubanas
En la medida que el tiempo transcurre sin que se resuelvan las urgencias que ahogan y angustian a la población en Cuba, crecen las ansiedades, las desesperanzas e incluso los rencores escondidos y silenciados se van acumulando internamente. Como consecuencia, se amplían las diferencias que nos dividen profundizando además las polarizaciones que nos separan. En estas coyunturas surge un escenario muy complicado que podría ser peligroso para el presente que estamos viviendo y el futuro que tenemos por delante. Esa acumulación sin salidas efectivas siempre es muy mala consejera, hay que buscarle soluciones y avanzar hacia una reconciliación que facilite marcos de referencias aceptables para todos sin exclusiones, rencores ni odios.
Sé que hay quienes con independencia de su signo político, económico o social en que se encuentran enclavados, controvertidamente coinciden en que estos asuntos de salvar las diferencias y procurar el encuentro así como la reconciliación de las partes, no son de su interés porque consideran cada uno en su caso específico que tienen la única verdad posible que anula a las otras verdades y poco les importa que los problemas se agudicen más. En sus muy particulares lógicas, consideran que solamente sus soluciones unilaterales podrían resolver el problema, eliminando a las otras partes en conflicto. Esto en realidad podría ser nefasto y no conducir a nada bueno.
Opino que es objetivo y de realismo político, aceptar que las ideas y las convicciones podrían ser modificadas por otras más justas y factibles a causa de las circunstancias en el tiempo, pero sin que medien oportunismos extemporáneos e inconsecuentes. Eso siempre estaría dentro de un rango de posibilidades objetivas y racionales. Incluso pienso que podría formar parte de un propósito constructivo de conjunto a favor del país en que nacimos o que nos acogió en nuestras vidas, concebido principalmente a partir de un convencimiento honrado de que las ideas y convicciones asumidas han sido superadas por el transcurso del tiempo y por los nuevos desarrollos.
Ante las contingencias que aparecen en el presente y en el horizonte futuro, se deberían imponer la buena voluntad, la honradez de vida y de pensamiento, así como la disposición para el diálogo franco y abierto de todos con todos. En tanto que los que no aceptan esas soluciones razonadas de común acuerdo sin imposiciones de unos o de otros, atizando en cambio las medidas excluyentes, unilaterales y autoritarias, así como las revanchas, los rencores y los odios, no le hacen ningún favor a la nación cubana en su conjunto ya estén adentro o afuera del país, sean quienes sean.
Los momentos son decisivos para la patria que como concepto legado por los que forjaron nuestra identidad y nuestra independencia, nos acoge a todos sin excepción, muy a pesar de los desencuentros y los desafueros de unos y otros. Cuando en cambio, controvertidamente se tratan de aparentar normalidades virtuales que niegan la trascendencia de los problemas que nos aquejan, lejos de fomentar la armonía y la concordia ciudadanas que tanto se necesitan, aparecen la desesperanza y el vacío que en nada podrían ayudar para el fomento de la participación del pueblo en las soluciones imprescindibles a la supervivencia de la nación cubana.
No es tampoco el momento de negar responsabilidades, ni de abandonar las naves que puedan estar haciendo aguas como lo realizan los roedores que venían a bordo. Ese abandono inconsecuente no sería honesto, ni aconsejable para nadie, porque cuando hablamos de encuentro, de diálogo y de reconciliación, sin dejar a un lado la imprescindible búsqueda de las causas determinantes así como la necesaria depuración de responsabilidades; lo que se impone entonces, sería la participación de unos y otros conforme a sus criterios y posiciones, a partir de una expresión de buena voluntad por parte de todos para sacar adelante al país. En definitiva considero imprescindible crear una República en la que quepamos todos, unos y otros, fundamentada en el propósito martiano de concebirla con todos y para el bien de todos, procurando hacerla verdaderamente efectiva y coincidente con el altruismo que nos legaron los que la fundaron en los albores del surgimiento de nuestra identidad nacional, enfrentándose al colonialismo y a las ambiciones hegemónicas de quienes siempre han añorado la anexión como salida.
Reitero finalmente, mis convicciones a favor de la paz, de la equidad distributiva, de la justicia social, del cristianismo liberador, de un socialismo participativo y democrático con plena libertad de conciencia, de pensamiento, expresión y de viajar, que incluya junto al cooperativismo y a la autogestión, al trabajo por cuenta propia, a la pequeña empresa familiar, local y comunitaria, así como a otras posibilidades económicas e inversiones particulares que aporten tecnología, mercados y/o capital necesarios, sin excluir a los cubanos ni de adentro ni de afuera. Considero que todos tenemos derechos y obligaciones para con la Patria, principalmente cuando más nos necesita. Así lo pienso y así lo escribo. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! el lunes 21 de febrero del 2011
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=72772

Articulos relacionados

0 Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.