Sergio Lazaro

Hazte un favor: perdona

¡El que la hace la paga!… ¡A ese que lo perdone Dios, conmigo las perdió todas!… ¡Esa es tremenda hijae…, la veo y me hierve la sangre!…
¿Quién no se ha visto en esta situación en algún momento? Siempre hay quien nos hace mal, sin razón, siempre hay quien se gana nuestro odio.
Pero sucede que tales rencores son como espinas que tenemos clavadas en el corazón y que a cada rato duelen. Los odios son como cargas pesadas que arrastramos por la vida, y que sufrimos mientras el odiado o la odiada, andan tranquilamente por la calle, tal vez, sin acordarse de uno, sin importarle lo que nos han hecho, sin que les pese nuestro odio.La solución es el perdón: ¡sacúdete el odio, quítate la espina… perdona! No le estás haciendo un favor al otro: te lo haces a ti.
Del otro que se encargue la justicia si es que tiene delito, y si es que hay leyes y autoridades justas que puedan hacerle pagar su mal.
Lo que suceda con el otro, lo que hagas por resarcir el mal, no debe estar relacionado con el odio, no sólo porque el otro es una persona, sino porque ese odio te puede quitar objetividad y precisión en tu gestión por la justicia.
Tal vez se trate de afrentas personales que no se contemplan en las leyes… y no puedes hacer nada para resarcirte…
 Como quiera que sea, él o ella serán víctimas de su mal, tarde o temprano.
¡Perdona! Hazte un favor.

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