Hazte un favor: perdona

¡El que la hace la paga!… ¡A ese que lo perdone Dios, conmigo las perdió todas!… ¡Esa es tremenda hijae…, la veo y me hierve la sangre!…
¿Quién no se ha visto en esta situación en algún momento? Siempre hay quien nos hace mal, sin razón, siempre hay quien se gana nuestro odio.
Pero sucede que tales rencores son como espinas que tenemos clavadas en el corazón y que a cada rato duelen. Los odios son como cargas pesadas que arrastramos por la vida, y que sufrimos mientras el odiado o la odiada, andan tranquilamente por la calle, tal vez, sin acordarse de uno, sin importarle lo que nos han hecho, sin que les pese nuestro odio. Leer más