Causas y responsabilidades

Crónicas cubanas
Como parte de los procesos que actualmente se están desarrollando en Cuba, oficialmente se ha insistido mucho en la transparencia y en la necesidad de que se planteen todos los criterios que se tengan al respecto de las medidas que se proponen implementar y que a la vez algunas se están ejecutando en una simbiosis que si bien pudiera ser necesaria dadas las urgencias propias de las complejas situaciones del momento en cuestión, resulta controvertida porque lo que se saca a debate se comienza a poner en práctica antes de culminar los análisis planteados. Por mi parte no se quedarán sin respuestas esas insistencias y continúo expresando mis criterios al respecto de estos asuntos.
Unas decisiones tan drásticas y duras, necesitan de un profundo y previo análisis público sobre las causas verdaderamente determinantes así como una clara depuración de responsabilidades individuales, colectivas e institucionales, las que deberían ser expuestas sin ambages, y no sustituirlas por una escueta relación de propósitos, ideas y proyectos, tal y como aparecen en los lineamientos económicos que se han puesto en debate. Además, las consecuencias no deberían tomarse como causas porque los problemas de desánimos por el trabajo, de falta de productividad y de plantillas infladas no son verdaderamente responsabilidad de los trabajadores, tal como podría inferirse por falta de una definición sobre estos asuntos y por los llamamientos y expresiones que se plantean a diario. Por ahí debería comenzarse para alcanzar el consenso consciente así como una verdadera rectificación de los problemas y deficiencias acaecidos y no el acatamiento ciego que algunos prefieren, lo que nunca podría ser tan perdurable como para llevar a feliz término cualquier proceso de reforma por muy necesario que fuera. Sin análisis de causas ni definiciones colectivas e individuales de responsabilidades, podrían volverse a repetir los mismos errores y deficiencias.
Este es un asunto que en mi criterio resulta necesario planteárselo descarnadamente antes que comiencen a manifestarse los efectos indeseables y secundarios, que no se resolverán sólo con advertencias por muy severas que puedan ser y menos aún con amenazas. No es el momento para ello y esto debería ser comprendido a cabalidad. Quien necesariamente va a soportar en su totalidad las cargas de los problemas acumulados, tampoco podrá soportar las culpas de todo y mucho menos las que no les corresponden, así como las advertencias de que no protesten pacíficamente, eso podría ser socialmente muy inflamable.
Entonces es cuando se hacen imprescindibles los análisis profundos de causas y la depuración de responsabilidades que sitúen los puntos de despegue social en sus verdaderas posiciones, renovando responsabilidades además de cambiar todo lo que sea necesario. Porque cambiar sin renovación de responsabilidades podría convertirse en una entelequia sin salidas verdaderas. La sociedad en su conjunto no puede actuar eficientemente en un proceso socialista movida por el miedo a perder el trabajo que es propio del capitalismo brutal de los primeros tiempos de su surgimiento. Podrá haber acatamiento inducido autoritariamente pero no se establecería ni el consenso ni la credibilidad necesaria.
Considero que a muy pocas personas les podría caber en las actuales circunstancias y coyunturas, la duda sobre la necesidad de hacer cambios estructurales de fondo; ponerse contra eso sería un absurdo y la inducción a un verdadero suicidio social. Pero los caminos y las vías para lograrlo deberían apartarse radicalmente de los voluntarismos, los empecinamientos, los compromisos onerosos, así como de las fórmulas centralistas y unilaterales a que tanto se ha recurrido en todos estos años.
Para contar con la población sin que se creen reservas, hay que facilitarle una real participación con soluciones más efectivas conforme a sus genuinos intereses, sin eludir el análisis objetivo de las causas ni la depuración de las responsabilidades que correspondan, abriendo además lo que haya que abrir. O sea que podría ser un fracaso restringir sin las aperturas necesarias e imprescindibles, a las que no se les debería tener tantas ojerizas que provienen fundamentalmente de la vieja escuela así como de una burocracia gastada que se resiste a perder sus prerrogativas y que no quiere reconocer sus responsabilidades en los problemas subsistentes, la que poco podría hacer a favor del futuro que se nos encima a toda marcha. Mientras más urgente sean las cosas más necesaria será la creación de un clima de trabajo y de confianza que supere las advertencias y las amenazas de lo que podría sobrevenir, tan utilizadas en el tiempo.
Estoy de acuerdo en que de tanto anunciar al lobo, podría anularse la credibilidad cuando realmente viene. Pero también considero que no es con el lobo o con quien a veces se dice que lo encarna, con el que contradictoriamente se podría enfrentarlo. El lobo es el lobo y no el cazador ni mucho menos caperucita, los papeles hay que ponerlos en su justo lugar. Socialismo no es capitalismo, ni capitalismo puede ser socialismo. Son perogrulladas muy importantes, además los responsables de los problemas causados muy difícilmente lograrán la necesaria objetividad para superarlos. Los comentarios en la calle son muchos y cuando los comentarios no encuentran salidas ni respuestas adecuadas se acumulan y se crean estados de ánimos preocupantes y difíciles de superar.
Sé que son dilemas decisivos, quizás de vida o muerte, por eso mismo trato de plantearlos descarnadamente porque no es ocultándolos debajo de la gran alfombra social como se resuelven, ni mucho menos matando a los mensajeros. Hay que analizarlos sin ambages. Es muy importante escuchar y analizar, así como desbrozar las causas determinantes porque los problemas se conocen por las consecuencias y se resuelven por las causas. Un error de causas podría determinar los fracasos que nadie realmente debería querer, porque son fracasos que nos ahogarían a todos sin excepción. O todos nos salvamos, o todos nos hundimos, el proceso no debería ser un sálvese quien pueda. Así lo pienso y así lo planteo en búsqueda de verdaderas soluciones para los dilemas a que nos enfrentamos hoy. La Historia no perdonará nada. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto el lunes 17 de enero del 2011

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