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2011: Y…¿Qué se logró en una Cuba sin navidades?

Crónicas cubanas
¿Qué nos ha quedado de aquel ambiente de Navidad y de fin de año? Caracterizado por su hermosa magia de felicidad, encuentro y reunión familiar, deseos de paz sobre la tierra y propósitos de amor hacia la familia y a todas las personas de buena voluntad, que además dignificaba la solidaridad y los buenos propósitos para un nuevo enero en una atmósfera propiciatoria de los análisis existenciales y de recuento.
Cada diciembre regresa al ritmo de una especie de reloj planetario, invisible pero presente, que determina sobre la existencia humana e incluso el universo que nos acoge, a veces envuelto en grandes dudas que muchos anidan sobre el ¿porqué? de nuestra existencia en función de una cosmovisión materialista vulgar, que no toma en cuenta a lo trascendente que nos antecede y que nos superará.
Ya han trascurrido más de cinco décadas de aquella extraordinaria conmoción generadora de una gran esperanza triunfante en enero de 1959 que, a la mayoría de los cubanos que vivíamos entonces, nos estimuló a tratar de tomar el cielo por asalto, animados de hambre y sed de justicia. Y, ¿en qué circunstancias nos encontramos hoy?; ¿qué ha sucedido con todos aquellos sueños, propósitos y promesas? ¿Será cierto que sólo hay una causalidad externa de las frustraciones existenciales que actualmente nos embargan? ¿Será sólo el bloqueo, indudablemente criminal y genocida con una guerra económica externa, injusta y cruel, la causa principal elevada a la condición única de nuestras penurias, de las ruinas que nos rodean por todas partes y de la diáspora que nos divide, del encierro en que estamos atrapados que nos impide, sin autorización oficial expresa e individual, que podamos viajar para conocer, visitar y compartir con otras tierras, otras realidades, otras personas, otras costumbres, otras culturas y otros modos diferentes de pensar, que han acogido a muchos de nuestros familiares y amigos que hoy forman parte de una diáspora que tanto nos entristece?
Soy de los que valora y entiende que se han alcanzado muchas cosas soñadas y positivas, pero esas certidumbres y convicciones no deberían nublar nuestros entendimientos de lo que objetivamente hemos perdido, o ha empeorado en lo material y lo espiritual principalmente por causa de las intransigencias, los empecinamientos y la supremacía de un único pensamiento válido. Considero que estas circunstancias adversas generan un karma a pagar que nos toca a todos, tanto a los que lo creímos, lo permitimos o nos atemorizamos ante los truenos descalificadores como a los que nacieron después.
No puedo olvidar cuando se planteó que las celebraciones de Navidad y las fiestas de fin de año perjudicaban a la zafra azucarera y al trabajo por el desarrollo futuro. Y, en nuestro presente, me pregunto: ¿qué se logró verdaderamente, desarticulando los encuentros tradicionales de unidad de la familia en las “Nochebuenas” criollas de existencia inmemorial? ¿Lo sustituyó algo mejor que nos hiciera más feliz, generara más esperanzas y aumentara nuestra dedicación y amor por el trabajo, por la vida y por nuestro sistema? En mi opinión, lo que se ha creado es un problema estructural de vacío espiritual, que ahora no se resuelve simplemente programando algunos bailes callejeros y programas de televisión de fin de año. Ya no hay zafra porque los centrales se cerraron por medio de una inconsulta decisión central; ni tampoco se realizan los cortes de cañas que anteriormente siempre se hicieron sin que las navidades y las fiestas de fin de año lo impidieran.
Como resultado, nos encontramos al margen de aquel espíritu tradicional con sus alegrías y tristezas, sus justicias e injusticias, sus pecados e imperfecciones como todo lo humano. En cambio, no hemos logrado un estimulo moral, un ambiente, un resultado material y espiritual que sean verdaderamente mejores, con nuestras mesas de las tradicionales cenas criollas vacías y desiertas, las que daban motivo para el encuentro de las familias en torno a los padres, los abuelos, los suegros y los amigos que mayoritariamente ya no se realizan. Hubo tiempos de negación de todo esto y sus símbolos tradicionales fueron demonizados y prácticamente prohibidos como expresión de una “decadencia” que al final de todo nos alcanzó y no precisamente por causa del espíritu navideño y de fin de año. Considero que aunque las veamos hoy con la indulgencia del perdón, hay cosas que la historia cuando ya no estemos presentes por ley de la vida, no las perdonará. En este fin y principio de los años 2010-2011, mis deseos más profundos y las energías que me quedan, los pongo en función de que hagamos un 2011 verdaderamente rectificador y próspero con todos y para el bien de todos. ¡Feliz Año Nuevo! fsautie@yahoo.com.
Publicado en Por Esto!, lunes 3 de enero del 2011.

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