2011: Para promover la esperanza.

Crónicas cubanas
Hemos comenzado el 2011 en un clima de grandes incertidumbres y augurios, en medio de proyectos algunos cercanos al neoliberalismo, lineamientos y propósitos publicados además de medidas drásticas que se han comenzado a ejecutar, todo lo cual requiere como nunca antes de la credibilidad y participación popular efectiva, con criterios definidos sobre lo que se está de acuerdo o no, para que pueda echar a andar el anunciado tren hacia el futuro, pero con cabida para todos y con verdadera justicia social, sin lo cual podría no haber ni tren ni futuro. Es necesario muy en especial que los jóvenes tengan cabida en una dimensión priorizada más allá del oficialismo de algunos que lo ven todo bien.
Ese oficialismo dócil no se corresponde con una mayoritaria porción de la juventud cubana que se ha desentendido de todo, que se encuentra al margen de lo que se le ha impuesto y en lo que no ha tenido una verdadera participación. Es además, una realidad generalizada, aunque hay quienes no quieren reconocerla, que en considerable número los jóvenes cubanos de hoy suspiran por marcharse hacia otras tierras y otros mundos diferentes a lo que han conocido durante todo este tiempo. Reconocer estas situaciones y tomarlas muy en cuenta es imprescindible para enrumbar los cambios y las reformas necesarias que puedan conducirnos a un futuro más realista para todos sin excepciones onerosas. Lo contrario podría ser un desastre generalizado.
No será posible que resurja esperanza alguna en las circunstancias y coyunturas en que comenzamos el año 2011, si esos anuncios, proyectos, lineamientos, propósitos, medidas en ejecución y planes no se corresponden verdaderamente con los anhelos y necesidades del pueblo, sin restricciones a la libre expresión del pensamiento. A tales efectos, sería imprescindible comenzar facilitando una real participación popular más allá de las tradicionales campañas que se publican reiteradamente con personas “escogidas” que en sus entrevistas por la prensa escrita, radial y televisiva hablan con expresiones afirmativas y apologéticas sobre que todo está muy bien y afirman según ellos que ahora sí se van a resolver los problemas. Esos procedimientos ya están muy gastados y el pueblo no se ve reflejado en esas personas entrevistadas “al azar” por muy humildes que pudieran ser sus apariencias.
Los que controlan y realizan programas, noticieros y anuncios desbordados de tales expresiones, deberían ser más objetivos y desplegar una mayor creatividad, porque esos tan “escogidos mensajes” ya no impactan a nadie. Hay periodistas y tele reporteros que siempre lo ven todo bien y ejemplarizante, sin nunca encontrar nada que sea distinto para exponer en sus reportajes y artículos; eso poco ayuda y cada vez se hace más contraproducente. O cambian tales prácticas o se harán cada vez más obsoletos y con muy poca credibilidad.
Por otra parte, también es más contraproducente el chovinismo que caracteriza al pensamiento oficial establecido, que repite y repite auto elogios de lo que realmente es bueno, pero que de tanto reiterarlo se anulan sus efectos positivos en la percepción de la población que se muestra cansada de leer, ver por televisión y oír por la radio siempre los mismos temas que, por demás, poco tienen que ver en la mayoría de las ocasiones con sus problemas y realidades existenciales y se preguntan para sus adentros ¿A quién hace falta convencer con eso? . Estas prácticas apologéticas que incluso a veces son poco consideradas con las miserias y pobrezas humanas que auxilian en el exterior de nuestro país y pasan por encima de aquel planteamiento ético cristiano que plantea “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha” (Mateo 6,3), tendrían que ser desterradas de nuestros medios masivos para coadyuvar al surgimiento y desarrollo de una nueva mentalidad realista y propiciadora de un futuro mejor para nuestro país. Hacerlo sería también un paso muy importante en el propósito de alcanzar la credibilidad imprescindible para que sean verdaderamente reales los cambios necesarios.
Subsisten todavía prohibiciones absurdas que de mantenerse o de eliminarse poco a poco y a cuentagotas, tampoco facilitarán la creación de un clima de credibilidad y esperanzas. Además en lo interno de nuestros problemas sociales, se ha creado un daño estructural de fondo muy difícil de solventar, producido por tantos años de autoritarismo, de falta de una real consulta popular permanente y de tan poca participación efectiva del pueblo en la solución de sus problemas y en el día a día del proceso sociopolítico cubano, motivado por un modelo de socialismo real, centralizado, que no ha dado resultado en ninguna parte y que se ha mantenido empecinadamente sin tener en cuenta los reclamos que desde la izquierda y desde dentro del proceso hemos hecho algunos a favor de que en Cuba se construya verdaderamente un socialismo participativo, democrático más humano y eficiente. Así como que nuestro país se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba.
Muchos amigos desde el exterior así como personas honestas en el mundo han planteado estos problemas y la necesidad de cambios positivos, mientras que hay otros que también se dicen ser amigos nuestros, que lo ven todo bien y que sin vivir en Cuba en los más profundo del pueblo de a pie, emiten criterios y consideraciones que poco tienen que ver con nuestras realidades y problemas convirtiéndonos en rehenes de su propia política y de sus intereses personales que muchas veces no son capaces de exponerlos ni realizarlos en sus países de origen. En mi criterio, a ellos habría que agradecerles sus buenas intenciones, pero pedirles que no opinen tan desacertadamente sobre lo que en realidad no conocen, porque le están haciendo un daño significativo a nuestro proceso sociopolítico que ni la historia ni el pueblo cubano en el futuro les va a perdonar.
En fin, que es mucho lo que hay que resolver, cambiar y encaminar para exponerlo en tan corto espacio; pero considero que éstos y otros más que se me escapan y sobre los cuales quizás en el futuro continúe escribiendo, son asuntos que se deben debatir en búsqueda de que en el 2011 renazca la esperanza.

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