¡Sorpresa!

Ayer a las 12 de la noche salimos a ver cómo quemaban en la calle un muñeco que representa el año viejo, ya es tradición en el barrio. Varios vecinos habían puesto un bafle y música muy alto desde temprano, había pencas colgadas en las columnas y cartelitos escritos a mano como todos los fines de año.
Hoy por la mañana me sorprendió el más grande de todos los carteles: ¡no lo había visto! ¡pensé que decía lo mismo que otros! Pero no, tenía escrito el mejor de los deseos, siempre nuevo, siempre insólito, siempre sorprendente: