¿Es obligatorio coincidir siempre?

Crónicas cubanas
Hace algunos días alguien desde el exterior, sin poder ocultar su molestia, se dirigió a mí con un mensaje impositivo e incluso algo burlón e irrespetuoso en el que me expresaba que durante algún tiempo se había hecho la costumbre de leerme, pero que ahora quería decirme que cada vez que escribiera sobre el cristianismo y la religión, no iba a hacerlo más porque él no creía en eso. Sus expresiones me motivaron algunas interrogantes que consideré conveniente compartirlas con mis lectores, sin tener que mencionar a la persona en específico; porque considero está en su derecho de plantear todo lo que desee menos la descalificación dirigida hacia quien no comparte sus criterios y peor aún la burla hacia la edad e imposibilidades físicas del autor.
 Estimo que quizás promover un intercambio de opiniones pudiera ayudarme a comprender si ando por un camino equivocado o no. Me pregunto en consecuencia: ¿Es acaso obligatorio leerse todos los temas a los que cada cual puede acceder?; Además, ¿es obligatorio coincidir siempre con lo que se lee o en lo que piensa, así como con lo que cree y lo que testimonia quien lo escribe? Nunca se me ha ocurrido plantearles a mis lectores que obligatoriamente tengan que leerme, ni mucho menos decirles que si no lo hacen yo me voy a molestar o que deban coincidir por obligación con mis criterios. Tampoco hago burlas y/o expreso ironías con edad, enfermedad e imposibilidades físicas. Pienso que eso sería un completo absurdo de mi parte, aunque constituyen actitudes que abundan mucho hoy.
Que se tenga o no un determinado pensamiento, no debería implicar para nada imponerle ese criterio a los demás y tampoco compulsarlos para que cambien su modo de pensar o no expresen sus sentimientos, sus testimonios y/o las cosas que ven o que opinan. Leer o no leer a un determinado autor es un concepto de libre albedrío y de libertad de conciencia; pero presionarlo para qué escriba con un determinado criterio o en una específica dirección de pensamiento, es además no respetar las libertades de expresarse como cada cual desee hacerlo, tan necesarias para alcanzar la comunicación intersubjetiva inherente a la condición humana. Sobre todo es inconcebible cuando se presiona bajo la cobertura de una imagen de libre pensador.
Para convivir en la coexistencia que la naturaleza y la sociedad requieren a los efectos de la edificación de una paz social y medio ambiental que garantice nuestra vida y la del planeta en el convulsionado mundo de hoy, es imprescindible el respeto al pensamiento, a las creencias y convicciones de unos y otros, con todos y para el bien de todos como diría nuestro José Martí. Quizás antes de descalificarnos y amenazarnos mutuamente, deberíamos tratar de comprendernos, tolerarnos y encontrarnos en todo lo que nos sea común para satisfacer nuestras ansias de vivir en armonía y tranquilidad de espíritu.
Cada vez que me choco con esas ideas y conceptos excluyentes e impositivos, que por cierto son muy frecuentes, propios de la intolerancia que caracteriza desde las más diversas confesiones fraternales, religiosas, sociales, políticas e incluso económicas, a los pensamientos que pretenden erigirse en los únicos posibles; y muy en especial, cuando se hace esgrimiendo una afiliación determinada a alguna organización fraternal o progresista incluso de izquierda, tengo que recordar la memoria de mi padre masón, quien siempre desde que yo era muy pequeño hasta sus últimos días, respetó mi libertad personal y la de mis hermanos para creer o no creer en lo que desde nuestras conciencias y nuestros sentimientos entendiéramos que debíamos hacerlo de esa manera. En mi caso para ser católico y para convertirme en un revolucionario inconforme. Considero que la falta de tolerancia hacia los demás, la no aceptación de lo que es diferente, las intransigencias persistentes deviene causas de muchos de los desvaríos, desencuentros y desgracias sociales que hoy se producen.
No es simplemente por las circunstancias y sentimientos personales de miedo al porvenir, edad, padecimiento o a la muerte futura, como hay quienes se complacen en hacer mofa de ello, que a veces le comunico a mis lectores en uso de la confianza y del realismo que considero imprescindibles para propiciar un determinado ambiente de comprensión mutua, que ocasionalmente los años estén pasando por mi, encima de mi existencia terrenal como a todos nos sucede, así como que sufro los achaques crónicos de una diabetes congénita y de familia que ya me obliga a usar bastón y que es anunciadora de que toda criatura sobre la tierra tiene su final, o que también con frecuencia escriba sobre temas propios del cristianismo y/o de los sentimientos religiosos que junto a mis conceptos políticos animan mi quehacer cotidiano. Debo decir que cuando escribo sobre algunos de estos temas no soy vocero de nadie, sólo de mi pensamiento y de mis convicciones porque no necesito escudarme detrás de ninguna persona, organización o jerarquía para expresarme. Siempre he tenido el valor suficiente para responsabilizarme con lo que digo y con lo que escribo.
Cuando expreso estas circunstancias y criterios, me mueven mis convicciones y el deber del testimonio más fehaciente posible que trato de exponer en razón de que unos y otros deberíamos buscar el encuentro que nos facilite intercomunicarnos con la mayor cercanía a nuestro alcance, así como realizar los diálogos que considero necesarios referidos a los problemas que mutuamente nos aquejan o ir en pos de la reconciliación imprescindible para evitar los desencuentros y los desvaríos que nos enfrentan llenándonos de rencores, desconfianzas y odios retardatarios de las soluciones que nos son tan importantes para que podamos edificar un presente y un futuro en realidad posibles. Además propugno también, a que actuemos animados por la esperanza esperanzadora que nos estimula al trabajo y a la lucha a favor de la felicidad de nuestras familias, nuestros descendientes, nuestros compatriotas y nuestros conciudadanos del mundo en que nos ha tocado vivir. Así lo pienso, así lo digo y así lo escribo.
Publicado en Por Esto! El lunes 13 de diciembre del 2010

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4 thoughts on “¿Es obligatorio coincidir siempre?

  1. TODO PARECE INDICAR QUE EL CAMINO DE LA RECONCILIACIÓN SERA MUY LARGO.
    HABRÁ QUE TENER PACIENCIA Y PERSEVERANCIA.
    MUCHA FE EN EL HOMBRE, EN LO QUE SEA CAPAZ
    DE PERDONAR Y COMPRENDER A LOS DEMÁS
    A LOS QUE NO ESTÁN DE ACUERDO CON NUESTROS
    PUNTOS DE VISTA, A LOS QUE TIENEN OTROS
    INTERESES.
    DEBEMOS EVITAR IMPONER A OTROS NUESTRAS
    OPINIONES.

    1. Sí lo será, el ejemplar camino surafricano, por ejemplo, todavía no ha acabado, ahora resulta que los blancos no encuentran trabajo…
      Es largo porque son 52 años de heridas y de cultura de la separación… Pero para Dios nada es implosible, y nuestro pueblo tiene una ejemplar capacidad de recuperación

  2. Querido Sergio Lázaro, la fe en la esperanza esperanzadora que parte de Dios, aunque haya quien no quiera reconocerlo, es algo que tenemos que recuperar con toda urgencia en nuestro peublo. Porque una población vacía de la fe y desesperanzada difícilmente podrá actuar con efectividad en favor de su presente y su porvenir. Además debo decirte que de regreso en mi peregrinaje terrenal con múltiples heridas del camino, creo en los jóvenes que piensan y actúan como tú lo haces.

  3. Estimado amigo José Pérez León, concuerdo plenamente con lo que usted dice. Precisamente he sido muy exluido, descalificado y a veces tratado como a un enemigo de guerra, por pensar como pienso y escribirlo. Yo creo que la fe en Dios es esencial para la vida y a Dios se le ha intentado desterrar de nuestros medios sociales. Reonciliación, perdón y amor son esenciales para el presente y el futuro de Cuba. Todo con pleno respeto al libre albedrío inherente a nuestra condición humana.

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