Sergio Lazaro

Criterios restrictivos que afectan a la autoestima del pueblo

Crónicas cubanas
Entre los álgidos y complicados problemas que durante años han incidido negativamente en la autoestima colectiva de la población cubana, es posible identificar un conjunto de restricciones y criterios que algunos repiten hasta el cansancio con la finalidad en ambos casos de propugnar un precario concepto de igualitarismo que sitúa a la ciudadanía en general por debajo de los niveles medios de las posibilidades contemporáneas que se encuentran al alcance de otras poblaciones del mundo, así como del acceso a las nuevas tecnologías y sus ingenios electrónicos que hoy facilitan nuestra existencia. Quienes así piensan y así se expresan, coinciden lamentablemente con los que no respetan los derechos a la información, a la libertad de expresarse, al reconocimiento de la plena vigencia del libre albedrío que determina la voluntad de labrarse por sí mismos los espacios a ocupar en la sociedad, incluyendo también el derecho a viajar sin tener que pedir permiso para hacerlo, y a asentarse donde por voluntad propia se desee, con libertad en su país de origen para salir y entrar según su decisión e intereses específicos.
Éstos y otros más que pudieran habérseme escapado, constituyen elementos subjetivos y objetivos retardatarios y desestimulantes para la población, principalmente el pueblo de a pie, así como causas de estrés, hastíos y desmovilización productiva y social incluida una determinada pérdida de amor por el trabajo y por los esfuerzos para progresar en el espacio donde se nació, causantes principales en su conjunto del ideal de la emigración hacia otras latitudes como fórmula efectiva para hacer realidad los sueños de mejores posibilidades de vida.
Son muchos los ejemplos que podrían aportarse al respecto de estas consideraciones sobre las que hoy escribo, pero quisiera referirme a una especie de demonización que algunos plantean hacia el uso de los teléfonos celulares que, por demás, durante años se mantuvo prácticamente prohibido en Cuba y que desde hace algún tiempo fue por fin liberado con la explosión de un verdadero boom de ciudadanos que hicieron colas interminables para contratar una posibilidad telefónica inalámbrica devenida verdadera necesidad en la sociedad contemporánea, que en el mundo se encuentra muy ampliamente extendida como símbolo de la revolución científico técnica a las que estamos asistiendo en las comunicaciones y que lamentablemente por aquí hay quienes se empeñan en negársela al pueblo de a pie, usando los más variados argumentos propios de un igualitarismo que vergonzantemente se ampara en múltiples justificaciones que pueden ser muy relativas y discutibles.
Opino que está fuera de toda lógica plantear que un celular constituye un símbolo de “poder” per se, así como de la ideología consumista de mercado, considerado además instrumento propio de las categorías parasitarias de la población que se dedican a los más oscuros negocios alternativos o sólo a los que detenten el poder político y/o administrativo en la sociedad, lo que por demás resultarían ser conceptos muy limitados sólo a determinados sectores elitistas ; en tanto que después de la apertura que mencioné, el uso del móvil se ha generalizado ampliamente en los distintos estratos y sectores de la sociedad cubana contemporánea. Esos criterios descalificadores hacia los que usan los celulares, pudieran convertirse en una verdadera perversión de conceptos a favor de limitarle al pueblo de a pie todo acceso a tecnologías que hoy se encuentran ampliamente extendidas en el mundo en general.
Yo concuerdo plenamente con el planteamiento de que las cubanas y los cubanos de las más diversas funciones sociales, que prefieren estar comunicados con un teléfono móvil en detrimento de otras muchas necesidades a veces muy complicadas, no se les debería calificar superficialmente de ser personas que vivan de la ostentación y de sus ansias de diferenciarse de los demás. Son en mi criterio, como se ha dicho también en oposición a esos planteamientos de marras a que me refiero, personas decentes y honradas en su muy inmensa mayoría, que optan por el ejercicio de su libre albedrío inherente a su condición humana, para resolver algo que les resulta una verdadera necesidad contemporánea.
Por otra parte, considero que va siendo tiempo ya de acabar con las prohibiciones extemporáneas, con las exclusiones absurdas y con los accesos vedados, anacrónicos y contraproducentes en medio de un mundo que se caracteriza por su intercomunicación y por el acortamiento de las distancias mediante el uso de los más avanzados vehículos de transportación aérea, marítima y terrestre, así como de los más diversos medios digitales que revolucionan nuestra manera de vivir. Subsiste en este sentido, una permanente contradicción entre los telediarios y muchos artículos de prensa publicados internamente en Cuba, que nos hablan de las noticias y repercusiones que circulan en los portales informativos digitales sin tener en cuenta que son espacios de INTERNET o de televisión por cable a los que la población en general no puede acceder. Este sí es un problema. Así lo pienso y así lo escribo. fsautie@yahoo.com
Publicado en Por Esto! Opinión, el lunes 6 de diciembre del 2010.
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=58465

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