Sergio Lazaro

Balance y coincidencias en los intereses

Un asunto que observo atentamente en la Cuba de hoy, son los problemas que subsisten en cuanto al precario balance y coincidencias en la expresión de las ineludibles interrelaciones entre los intereses colectivos e individuales; en mi criterio, por la falta de una comprensión e interpretación adecuadas de su necesidad, así como por motivo de un uso inexacto de su verdadero contenido. Mucho se ha abusado y se abusa en nombre de los intereses colectivos, del planteamiento de medidas restrictivas de carácter forzadamente igualitario, sin tener en cuenta la verdadera representación de lo colectivo como sumatoria algebraica de lo individual, que cuando además se irrespeta se abren los caminos expeditos para desestimar y/o ahogar de manera tergiversada su concepción específica.
No es un simple juego de palabras, sino una realidad que no le gusta a algunos que se manifieste y que encuentra su plena vigencia en lo referido a su necesidad en los momentos picos de inflexión, en los que estos conceptos deben estar claramente definidos de manera inequívoca para saber a qué atenernos. La representatividad de lo colectivo no es un asunto que pueda resolverse de manera ligera, unilateral ni autoritaria sobre la base del ejercicio de fuerza por parte de los poderes temporales, porque se crea un conflicto de sentimientos, ideas, conciencia y ejercicio del libre albedrío que nos es inherente a la condición humana, a los que no se les puede pasar por encima sin riesgo de equivocarse o de ser injustos.
El concepto de los intereses colectivos sólo podría ser enunciado adecuadamente cuando se hace uso de los consensos sociales que se fundamentan en la posibilidad real de un diálogo con el más pleno ejercicio de las libertades de conciencia, de pensamiento y de expresión. Lo contrario es convertir a ese necesario diálogo social en monólogo y a las libertades de conciencia, pensamiento y expresión en parte de un criterio centralizado único y excluyente, que no admite la participación, la creatividad, ni mucho menos la crítica aunque sea carácter objetivo y de proyección constructiva.
El establecimiento de un necesario y efectivo contrato social con la población, que facilite la gobernabilidad en aras de edificar un presente de justicia social y equidad distributiva que avance hacia el futuro de un mejor país posible, conlleva el ineludible respeto y salvaguarda de los genuinos intereses personales en convivencia pacífica y reconocimiento mutuo de los intereses colectivos. Sólo cuando se produzca un balance real entre ambas expresiones de intereses podrá haber progreso, desarrollo y verdadera paz social, que no quiere decir ausencia total de contradicciones ni de problemas que deban ser solventados permanentemente por la vía del encuentro, del diálogo, del perdón mutuo que sea necesario, de la reconciliación imprescindible y del amor que excluya a los odios, los rencores y los pases de cuenta que se han convertido en el modo de vida de algunos, que sólo les interesa la confrontación que no tiene fin y que mantiene latente el enfrentamiento social favorecedor de sus verdaderos y mezquinos intereses de grupo. Publicado en Por esto! El lunes 11 de octubre del 2010.

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