Sergio Lazaro

Poner los pies en la tierra

Crónicas cubanas
Cada día comprendo mejor, sobre todo en la medida que percibo las tendencias que de una forma u otra tratan de sacarnos de nuestra realidad existencial, de que vivimos siempre en el presente, aunque incluso pudiéramos estar enajenados de nuestra realidad circundante por diversas causas que no vienen al caso mencionar ahora, lo experimentaríamos siempre en nuestro presente real. En ambos casos son dos dimensiones básicas de la realidad dentro de la cual nos desenvolvemos, la existencial y la circundante, las que coinciden en el tiempo.
Considero que, en esas dimensiones del presente temporal dentro del espacio en que estamos insertados, es en dónde podríamos resolver los problemas, contradicciones e incluso errores e injusticias que nos afectan, así como actuar por nuestra cuenta en la proyección del futuro que con el movimiento del presente vamos a vivir.
Estoy consciente además que toda esta consideración podría desmoronarse si no se toma en cuenta el movimiento, porque lo estático no es vida y el inmovilismo nos distorsiona. Sé que el pasado es muy importante, no lo menosprecio, muchas veces constituye una especie de condicionante a seguir dadas las experiencias positivas o a rectificar y/o superar en razón de las también experiencias específicamente negativas; pero en cambio, si lo analizamos exhaustivamente, podríamos decir que es verdaderamente un presente sido; y, además, el futuro también deberíamos asumirlo objetivamente como un presente a vivir.
Pretendo llamar la atención sobre la necesidad de “poner los pies en la tierra” por decirlo de alguna manera, dentro de la dimensión espacio temporal en que estamos insertados, al objeto de que podamos convertirnos en dueños de nuestra realidad personal, enfrentando los condicionamientos externos que nos afectan de una u otra forma. En este orden de cosas, podemos observar también que subsisten tendencias contradictorias que forman parte de las fuerzas retardatarias dentro de la sociedad que pujan por mantenernos atados al pasado vivido, o bien por proyectarnos sólo sobre un futuro no sido, que nunca llega; que para hacerlo efectivo, tendríamos que forjarlo antes en el presente real en que nos encontramos, o simplemente esperar a que se manifieste alguna vez si es posible, porque si les seguimos la rima nos enajenaríamos dentro del sueño de promesas o perspectivas pendientes de realizarse y/o manifestarse que nunca se hacen reales.
Por otra parte, se manifiestan propósitos tendenciosos de diversa índole y conforme a diversos intereses, dirigidos a cosificarnos así como a materializarnos totalmente, descalificando sentimientos, tradiciones y esperanzas que tienen que ver con la espiritualidad que le da sentido e incluso podría decir que razón de ser a nuestra vida. Hay quien en nombre de la especulación científica (Stephen Hawking recientemente) y pasando por encima del principio de la duda o de la incertidumbre que caracteriza precisamente a la ciencia, niega de forma absoluta la posibilidad de la existencia de Dios que muchos sentimos, experimentamos, necesitamos en función de la justicia y de la razón de ser de la vida y que creemos como elemento básico de la fe que mueve nuestra existencia hacia la realización plena de la espiritualidad que nos convierte en personas con pleno disfrute del libre albedrío y de la capacidad de creación que nos son inherentes.
Nuestra época, como ha dicho un amigo (don Pedro Casaldáliga), es crucial porque precisamente en verdad es nuestra época la que vivimos, y yo considero que no deberíamos permitir que se nos distorsione de lo que tenemos y deberíamos realizar en función de dar paso a la vida que nos pertenece. En primer lugar mirar hacia adentro y hacia nosotros mismos para comenzar por resolver nuestros problemas. Así pienso y así lo afirmo. Publicado en Por Esto! , el lunes 13 de septiembre del 2010.

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