Sergio Lazaro

La presencia de la Virgen de los cubanos

Vivimos circunstancias cargadas de una materialidad angustiosa y autoritariamente impuesta por las fuerzas externas que nos compulsan y que tratan de controlarnos hasta en los más pequeños detalles de nuestras vidas. En medio de la lucha por sobrevivirlas, si nos dejamos llevar por sus efectos externos y avasalladores, nos quedaríamos sin apenas espacios para la ternura, la espiritualidad y el amor por los demás, por nosotros mismos y por la vida en general.
En este orden de cosas, quiero expresarme hoy sobre la presencia entre nosotros de la Virgen de todos los cubanos. Nuestra señora de la Caridad del Cobre, Cachita como se le conoce con cariño popularmente; Ochum para los que tienen creencias sincréticas. No puedo dejar de hacerlo, porque estoy viviendo y observando algunas manifestaciones muy importantes dentro de la población que me rodea. Reitero que me refiero a la devoción por la Virgen de la Caridad, Patrona y Reina de Cuba, que en los últimos tiempos ha aumentado su intensidad sensiblemente, sobre todo en la medida que van en aumento la desesperanza y las preocupaciones de un pueblo de a pie que siente muchas angustias existenciales.
Quiero concentrarme en dejar constancia de lo que se ha vivido en este 2010 en su día onomástico, el 8 de septiembre, que se conmemora cada año dentro y fuera de nuestras fronteras. Hubo un tiempo que las procesiones estaban prohibidas internamente y el ateísmo científico elevado al rango de política oficial pujaba por borrar la tradición y las devociones a la Virgen, lo que resultó infructuoso porque el alma de los pueblos no se puede manejar en sus sentimientos por la fuerza de los decretos.
Hay algo que bulle en nuestro interior que para los místicos es una llama que tiene su origen en el fuego de Dios que nos alimenta y anima a seguir adelante en nuestro peregrinaje terrenal. Este fuego místico, nunca en contra de nuestra voluntad podría ser desterrado de nuestras almas. Esa llama interior ha mantenido y mantiene viva la devoción a la Caridad del Cobre entre los cubanos que la hemos acogido como Madre celestial ante la que ponemos a sus pies nuestras penas, nuestras plegarias y nuestra vida entera, como expresan las estrofas de un cántico muy popular en nuestros templos católicos.
Cuando la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II se volvieron a autorizar las procesiones con la Caridad del Cobre, las que se realizan cada vez en más lugares. Yo he estado presente en todas en Centro Habana desde entonces, como estuve también en la última de los años 60 del siglo pasado y he procurado recoger mis impresiones en las crónicas que publico.
En este 2010, como me ha sucedido desde hace algún tiempo, mis piernas enfermas me impidieron hacer el recorrido pero estuve todo el tiempo en el templo, el Santuario Occidental de la virgen de la Caridad, ubicado en Centro Habana. La vi salir y la vi regresar, puedo decirles que fue multitudinaria y que la emoción desbordó un recinto que parecía iba a reventar.
En su homilía el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, expresó un ruego generalizado y profundo hacia nuestra Patrona, Reina y Madre, que aún resuena en lo más íntimo de mi conciencia: “(…) pedimos a la Virgen Madre de los cubanos que los cambios buenos lleguen y que podamos aceptar los aspectos difíciles que ellos puedan traer consigo (…)pedimos que la celebración del cuarto centenario del hallazgo de María de la Caridad produzca entre nosotros cubanos un cambio espiritual en el más hondo sentido del bien y el amor que Jesús vino a sembrar en nuestro mundo”. Publicado en Por Esto!, el lunes 20 de septiembre del 2010.
fsautie@yahoo.com
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=43869

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