Sergio Lazaro

Ante el llanto de un niño no hay corazón que se resista

Mi amigo Juan no puede resistirse ante cualquier necesitado y es capaz de hacer grandes sacrificios para lograr una sonrisa en un rostro ajeno; sin embargo, muchas veces no estamos preparados para convivir con personas como él, y sin conocer la realidad de los hechos sacamos conclusiones precipitadas que hieren su sano corazón.En su experiencia de servicio se repite con tristeza la escena en que ha intentado detener el pesar de los infantes al perder algún juguete deseado, sin embargo, al llegar el adulto, la situación se malinterpreta y Juan es repudiado por su color y por su condición de hombre, de quienes los padres enseñan a sus hijos a protegerse, pues el primer pensamiento es el peor, y cuando perdemos la inocencia de los primeros años, muchas veces dejamos de ver lo esencial, que es invisible para los ojos.
La casa de Juan está llena de globos rescatados, porque nosotros no creemos en su sano corazón; pero a pesar de que el ser humano desconfía, margina, rechaza y juzga mal, el corazón de Juan se ablanda ante el llanto de un niño.

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