Testigos

Mi amigo Julio César es diabletico, por eso está ciego de un ojo. Es el único joven en una familia de 5 ancianos, es el responsable de su cuidado y manutención, con el pobre salario de un profesor, y la ayuda de Dios, y de algunos de sus amigos. Gente que lo conoce me ha dicho «¡No sé cómo puede!». Julio está casi siempre de buen humor, es un cristiano activo en su comunidad, al que la gente suale acudir por un buen consejo o un poco de aliento.
Las personas que no conocen a Cristo, difícilmente lo harán sin el testimonio de personas así. Quien no cree necesita ver gente con sus mismos problemas, que viven sus misma realidad y tienen sus limitaciones, que sin embargo las viven de manera distinta por ser cristianos:  con alegría, y con espíritu transformador de esas realidades.
Sin testigos, de poco vale en la práctica lo que pueda anunciar la Iglesia.
¡Gracias Julio César!