Sergio Lazaro

¿Hacia dónde vamos?

Sólo acercándonos a Dios, sabemos hacia dónde vamos, encontrando la verdad, viendo en Cristo su Hijo nuestro Salvador, santificado por el espíritu. Dios no ha querido ubicar a los hombres en un plano individual y sin vínculo entre ellos, ensimismados y olvidados, sino que nos entregó a su Hijo, para que como un gran árbol nos una mediante sus ramas para lograr ese fruto que contagie con su sabor a cada hombre sin distinción de ninguna clase.
En América Latina muchos cristianos nos hemos incrustado en el proceso de liberación, que vivimos y sufrimos los pobres, para buscar una sociedad sin explotados ni explotadores. La perspectiva social no es extraña para el Evangelio, “debemos girar alrededor de los demás y no hacer que los demás giren alrededor nuestro”.
Instituyendo la Iglesia vemos esa divinidad como un paso a seguir por cada uno de nosotros, sin importar reglamentos, leyes o imposiciones que llevan a disputas o aislamientos de discernir con carácter y justicia lo que es bueno y verdadero, y no lo impositivo u obligatorio. Dios abre sus manos y nos muestra el bien, al igual que esas manos abiertas, acogerán a todos sus hijos en su Reino; los que luchan por la paz, la justicia, la libertad, los pecadores, los excluidos, a todos los que de una manera o de otra reclaman lo que les pertenece, aman la verdad, como lo hizo Cristo, su plan es perfecto y es su deseo que todos  entremos, ¿pero cómo hacerlo?
Continuará…

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