El Dios en quien yo confío

¿Quién no ha pasado por circunstancias difíciles en la vida?, pero lo más complicado resulta cuando humanamente no podemos controlar ninguna de estas circunstancias. Actuamos hasta donde podemos. Controlamos conflictos personales, curamos enfermedades pero todo hasta un límite, la buena noticia es que en medio de situaciones que no podemos resolver por nuestros medios, podemos acudir a Dios confiados de que El tiene el absoluto control de cada detalle de nuestra vida. Leer más

La ira del Señor

¿Por qué son llamados malvados?
¡Ay de ustedes, que con mentiras arrastran la maldad, …
¡Ay de ustedes que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno… (Is 5, 18-20)
El mundo conoce dónde está la salvación, aunque muchas piedras impiden su acercamiento, tabúes que aún golpean su razonamiento, quitándoles la capacidad de discernir.
La Cruz sanará al mundo, pero debemos saber llevarla y mostrar que quien recorrió ese camino, lo hizo con dolor y sufrimiento, haciéndonos saber que es duro el andar, pero al llegar seremos libres, libres de pecado y de todo sufrimiento.
“El espíritu del Señor juzgará con justicia a los débiles y defenderá los derechos de los pobres del país. Sus palabras serán como una vara para castigar al  violento, y con el soplo de su boca hará mover al malvado” (Is 11,4). El Señor no deja que nos opriman y pisoteen y mucho menos que nos engañen, pues se toman caminos equivocados, el todopoderoso lo afirma, y si no se cumple estaríamos destruyendo su viñedo, desatando la ira del Señor.
Glissett Valdés Herrera

Barro en manos del alfarero

¿Por qué no nos rehacemos divinamente?
Los antiguos alfareros en los tiempos bíblicos, cuando tomaban el barro que era casi como piedra, lo ponían en una fuente, se paraban sobre él y comenzaban a pisarlo, lo trituraban hasta que pudiera ser maleable, un barro que se pudiera moldear y usar.
Sin embargo el Alfarero divino, nos ablanda, tornea, nos da forma, borra las imperfecciones, llena las grietas, elimina lo que sobra y si fuera preciso, empieza otra vez. El Alfarero no tiene dificultad en tomar la arcilla de la vasija que se descompone y crear una nueva vasija, siempre y cuando la arcilla se ponga en sus manos.
Jesucristo es el re-creador del hombre, el vino a rehacernos como el Alfarero Divino a tomar nuestro barro, nuestra ceguera, nuestra nada, para redimirla y sanarla. (Jn 9, 6)  San Juan Eudes nos enseña que debemos continuar y  completar la misión de Nuestro Señor Jesucristo, ‹‹ La Salvación de las personas es la obra que contiene todas las demás…Conducir una persona por los caminos de Dios es más que gobernar un mundo. Librar una persona de la esclavitud del pecado es una obra más digna que poner en libertad todos los prisioneros del mundo. Hacer morir un pecado en alguien es un bien más grande que conjurar una peste universal…››
Siempre brilla la esperanza en un mañana y un día la vasija de barro, rota, estropeada, humillada y enojada, le dirá al alfarero:
– Oye, sabes ¡Estoy cansada, ya no sirvo, soy inútil, estoy vieja y rota. Ya no quiero seguir funcionado.  “Él sabe de qué estamos hechos, sabe bien que somos polvo”  (Sal 103, 4)
Glissett Valdés Herrera