La tentación del poder

Actuar aplastando a otros, hablar sin escuchar, imponer el propio criterio de forma autoritaria…, son manifestaciones de haber sedido a la tentación del poder.
Las personas tenemos una inclinación natural a esta desviación de la vocación trascendente, está presente en todas partes, pero se hace especialmente presente en sociedades como la nuestra, donde suele ser una reacción natural a la experiencia de un poder que desde el Estado cae con un peso enorme sobre las personas, las familias y los grupos. Detrás de cualquiera de nosotros hay un pequeño totalitario. No hace falta tener un cargo público, el fenómeno puede verse lo mismo en un chofer que el custodio de un parqueo.
Jesucristo tuvo también la tentación, como se describe en la famosa narración de las tentaciones en el desierto, que propone la Iglesia al inicio de la Cuaresma y que constituye punto de partida a los mejores itinerarios espirituales cristianos.
«Todo eso será tuyo si me adoras…» dice el Malo. La clave la tentación está en la adoración de Satanás, que en este caso se traduce como desprecio a los demás, usándolos como instrumentos para intereses propios. Jesús lo rechaza: «solo a Dios adorarás». Quien adora a Dios, respeta y promeve a la persona. De ahí que todo totalitarismo es contrario a Dios y cuando se institucionaliza, lo niega explicitamente.
La clave del rechazo a esta tentación está en la valoración del otro y en la unión con Dios mediante la oración y los sacramentos, dicha valoración del otro implica la identificación de las diversas formas de abuso del poder para revertirlas, comenzando con las mías, last uyas, las de tu familia y amigos, las de tu comunidad,  se pueden lograr grandes cosas.

Amar al enemigo

Giovanni Papini nos recuerda que hemos oído “Ama a tu prójimo y odia a tuenemigo”, se pone en práctica cuando no escuchamos a Dios.Pero Dios nos ha dicho: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os odian, rogad por los que os hacen daño, que os ultrajan, que os persiguen…”
La idea de Jesús es transformar a los hombres bestias en santos por medio del amor.
Circe, la consorte satánica de las antiguas mitología convertía a los hombres en bestias por medio del placer. Jesús es el antisatanás, el anticirce, nos salva de la animalidad con una fuerza poderosa, que el placer.
Para aproximarse a la Santidad es preciso mirar a la Divinidad. Dios no es únicamente sabiduría, es nuestro Padre, el verdadero Padre, porque es justicia, es amor. El Padre ama a quien le abandona y a quien le busca.
Nosotros estamos muy por debajo de Dios, somos criaturas caducas, no odemos
recordar el anteayer y no sabemos el mañana.
¿ No se podría hacer de esta vida, una vida mejor?