Dios oye intentos

La religión no es un método para vivir, ni un grupo de costumbres, ni un conjunto de normas, aunque la práctica religiosa pueda incluir estas cosas. La religión, al menos para los seguidores de Jesucristo, es una relación de amistad. La raíz de la palabra “religión” es “religare” que en latín significa “relación”. El Cristianismo es una relación íntima con Dios que se vive a través del seguimiento de las enseñanzas de Jesucristo, y se comparte con otros en la Iglesia, donde la fe adquiere su sentido y práctica plenos a través de los sacramentos.

¿Cómo puedo relacionarme con alguien a quien no conozco?, dicen muchos. La primera respuesta es simple: ¡háblale! Desde lo más profundo de tu corazón, háblale a Dios, no importa que no sepas cómo, inténtalo, Dios oye intentos (1). Luego, ve a una comunidad cristiana y comienza a compartir con ellos tu experiencia, verás que tus conversaciones con Dios serán cada vez mejores, y tu vida se ira llenando de luz.

 

 

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Dios oye intentos, tomado del libro del profeta Daniel, en la Biblia, Capítulo 10, versos del 12 al 14.

 

12Entonces  me dijo: ‘No tengas miedo, Daniel, porque desde el primer día en que trataste de comprender las cosas difíciles y decidiste humillarte ante tu Dios, él escuchó tus oraciones. Por eso he venido yo. 13El ángel príncipe del reino de Persia se me ha opuesto durante veintiún días; pero Miguel, uno de los ángeles príncipes más altos, vino en mi ayuda, pues yo me había quedado solo junto a los reyes de Persia. 14Así que he venido a explicarte lo que va a pasarle a tu pueblo en el futuro, porque la visión que has tenido se refiere a ese tiempo.’

Sí a la vida, familia pendiente

Ayer encontré un amigo y al preguntarle por lo suyos me dijo que su hija está embarazada. Ella no está casada, en el corazón se me unieron dos sentimientos, por un lado el lamento por saberla madre soltera, por el otro, la alegría porque no abortó a su hijo, como hacen en Cuba muchas en su caso.
Le dije a mi amigo: “¡Qué bueno, serás abuelo!”. En lo adelante me queda rezar porque pueda acceder a la familia cristiana a través del cultivo de su fe, de matriz católica, pero en ciernes, como ocurre comúnmente en nuestra realidad.
Si bien los cristianos no debemos asumir actitudes condenatorias a las personas en esta situación, no debemos acostumbrarnos a esto por lo frecuente de estos sucesos, y verlo “como algo normal”, debemos siempre aspirar a que los niños nazcan en medio de una familia basada en el amor y la fidelidad. No podemos dejar de orar por ello, ni de poner nuestro grano de arena con nuestras limitadas herramientas.
Inecita no mató a su hija pero tiene pendiente la construcción de una familia cristiana. Yo felicité a su padre, tengo pendiente el compartirle esta opinión.