Que otros sean preferidos

El Cardenal Merry del Val escribió hermosas oraciones.
Ésta es la que rezaba a diario, al terminar la Misa:
Oh, Jesús, manso y humilde de corazón, ¡óyeme!
Del deseo de ser estimado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser amado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser elogiado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser honrado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser ensalzado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser preferido… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser consultado… ¡líbrame, Jesús!
Del deseo de ser aprobado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser humillado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser despreciado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser rechazado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser calumniado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser olvidado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser ridiculizado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser injuriado… ¡líbrame, Jesús!
Del temor de ser sospechoso… ¡líbrame, Jesús!
Que otros sean más estimados que yo…
Que otros sean más amados que yo…
Que otros crezcan en la opinión del mundo,
y que yo disminuya…
Que otros sean empleados en cargos,
y se prescindan de mí…
Que otros sean ensalzados, y yo no…
Que otros sean preferidos a mí en todo…
Que otros sean más santos que yo,
con tal que yo lo sea en cuanto puedo…
¡Jesús, concédeme la gracia de desearlo!