Historia de familia

En casa de Yeni viven 10 personas, el abuelo hace mandados y pelea con los jóvenes por su irresponsabilidad, y por tener la mente y el corazón en España, a donde tal vez podría llevarlos el origen de sus ancestros. Todos entran y salen sin mucho contacto, sólo están todos en la madrugada, cuando Yeni no ha tenido “trabajo” en el Malecón habanero y Pedro, su padre, ha venido a dormir.
Cada cual comparte lo que tiene, y pone en la economía común una parte de sus entradas, menos los niños, a quienes se les pide estudiar y portarse bien, para que puedan salir adelante. Los abuelos suelen bendecir los alimentos y hablar de Dios en la comida, cuando alguien más se sienta a la mesa, aunque Pedro y Yeni prefieren tocar la campanita en el altar a Ochún.
A veces están juntos los domingos por la mañana mientras suena un dominó y retumba un reguetón. El de la semana pasada fue especial, Yeni contó que le ofrecieron trabajo en una buena peluquería y que saldría con Julito, “el que trae la hostia a la abuela”, que le está robando el corazón.

Madre

Si estoy triste me alientas
porque nada te complace más que mi alegría.
Si tengo hambre me alimentas
porque para ti no hay más alimento que el que me sobra
Si me hacen daño, me defiendes
porque soy para ti lo más importante del mundo
Si estoy contento, ríes
porque no hay mayor alegría para ti que mi sonrisa.
Tienes la fragancia de las rosas de mayo en mi jardín,
la suavidad de la brisa en el penacho de la palma,
y el arrolluelo del monte envidia el murmullo de tu voz
Por mi esperas siempre, de mi perdonas todo,
aunque no llegue a tu altura,
como Dios.

Sí a la vida, familia pendiente

Ayer encontré un amigo y al preguntarle por lo suyos me dijo que su hija está embarazada. Ella no está casada, en el corazón se me unieron dos sentimientos, por un lado el lamento por saberla madre soltera, por el otro, la alegría porque no abortó a su hijo, como hacen en Cuba muchas en su caso.
Le dije a mi amigo: “¡Qué bueno, serás abuelo!”. En lo adelante me queda rezar porque pueda acceder a la familia cristiana a través del cultivo de su fe, de matriz católica, pero en ciernes, como ocurre comúnmente en nuestra realidad.
Si bien los cristianos no debemos asumir actitudes condenatorias a las personas en esta situación, no debemos acostumbrarnos a esto por lo frecuente de estos sucesos, y verlo “como algo normal”, debemos siempre aspirar a que los niños nazcan en medio de una familia basada en el amor y la fidelidad. No podemos dejar de orar por ello, ni de poner nuestro grano de arena con nuestras limitadas herramientas.
Inecita no mató a su hija pero tiene pendiente la construcción de una familia cristiana. Yo felicité a su padre, tengo pendiente el compartirle esta opinión.