Pasé ante la puerta del mundo

Pasé ante la puerta del mundo,
una puerta sin dintel,
pasé ante ella ayer y dudé…
Atrás, como imagen vaga,
se dibujaba tu Rostro,
ése que he aprendido a conocer
tras cada máscara que usas
para llamar a los amas.
Te vi allí, desnudo entre charcos
saltando en la mañana…
Te vi, lleno de fístulas las piernas
pidiendo una moneda…
una moneda que no paga
el mal amor y la mirada escurridiza…
Te vi, en el parque, el rostro flaco,
el pelo a la cintura, desgreñado
mirada trasnochada… ida…
Te vi en la fila del avión, por sobre el hombro extranjero
que apretaba tu cintura menuda,
casi niña…
Te vi en la madre ciega,
que acariciaba y se aferraba a su pequeña
a su pequeña estrella, luz brillo…
Te vi tras las rejas y el silencio,
sintiendo el abandono
y el lavarse las manos de unos y otros…
Te vi Señor, tú no lo dudes
tu Rostro a quien lo ha visto
ya no se le desdibuja
Volví a temblar, ante la puerta,
detrás de ella el mundo.
Podía escapar, seguir de largo,
repetir discursos gastados,
aplaudidos por muchedumbres sin nombre,
seguir de largo…
también cruzar la calle y escapar
quizás desde la otra acera
sea distinta la puerta
Seguir de largo… cruzar…
¿dejarte allí?
yo ya no pude, ni quise
No fue necesario tocar
no hay timbre,
Entré al mundo para ser Rostro tuyo
para intentar ser cada día Rostro de Amor
para otros…
Y  sólo me pides…
Se mi Amor en el mundo.

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