Sergio Lazaro

un regalo poco valorado…

Es el Espíritu Santo,  quien nos regala la conciencia del pecado. Sólo en la intimidad de la oración y el compartir fraterno en la comunidad cristiana, se puede descubrir con objetividad nuestras faltas con los demás y con nosotros mismos.
La pérdida de la conciencia del pecado es fruto del alejamiento de Dios,  la primera consecuencia es la infelicidad que da una angustia interior inexplicable, que va más allá de nuestro bienestar o nuestras dificultades. Esa angustia es la noche oscura del espíritu humano, en ausencia de Dios.
Esa ausencia no se debe a Él sino a nosotros, que perdemos nuestra «sintonía» con él. En este tiempo de fin de Cuaresma y Semana Santa, la Iglesia invita a «sintonizar» para acoger al Espíritu.
Para quien se hace consciente del pecado, la buena noticia es que puede ser perdonado, celebrando el sacramento de la confesión.

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