Sergio Lazaro

El 31 la calle y el lechón asado

El 31 de diciembre salí con las niñas a buscar dulces. La calle estaba casi vacía, no había ambiente de fiesta visible, ni adornos bonitos, ni comercios o timbiriches abiertos invitando a celebrar.
Sin embargo mientras caminaba, sentía a cada rato el clásico olor a lechón asado o frito de las fiestas familiares cubanas, también se podían oír reguetones, bolereos o salsas que hablaban de alegrías hogareñas.
Dí muchas gracias a Dios por la familia cubana, con tantos problemas y desgarros, pero ahí, para poner la fiesta donde tiene que haberla, y para alegrar la vida más allá «de la situación». El Espíritu de Dios sopla donde quiere, y lo vi soplar en la alegría familiar que delataba el olor lechón.
¿Están cocinando igual que mamá?, preguntó mi hija mayor en una esquina donde el olor era muy fuerte. Sí, le dije, pero no son sólo ellos, el Niñito Jesús los ayuda.
En mi barrio quermaron un muñeco «el año viejo» e hicieron una caldosa entre varias familias, varios se disfrazaron y «actuaron», tomaron ron y bailaron hasta muy tarde, sin exesos, gracias a Dios. Al otro día cada cual volvió a su trabajo y sus problemas, pero estoy seguro que con el alegrón de la noche anterior lo harán mejor. Yo por mi parte volví a agradecer a Dios por nuestras familias, y por el enorme potencial de alegría y solidaridad que permanece entre los cubanos.
¿Qué hago yo para potenciarlo?, buena tarea para un año que empieza.

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