Mediodía en el corazón de Cuba

El rostro enlutado de una anciana negra, las lágrimas de un joven de rara vestimenta, la muchacha si zapatos vestida de amarillo, el turista frío, le séquito y la quinceañera, la religiosa piadosa que reza y explica, el vendedor perseguido, el maloliente, y Ella, con su carita pequeña que se te antoja alegre si lo estás o triste si lloras, con ese raro fulgor que te habla de otro mundo limpio y glorioso, y esa paz, sobre todo la paz…
Eso es lo que vi la mañana del 25 de enero en el camerino de la Virgen de la Caridad del Cobre.
Tuvimos misa, y el padre habló sencillo y profundo para que cualquiera entendiera y para que la palabra horadara los huesos. Había un olor a rosas jazmín, y el día estaba soleado y fresco, el viento a cada rato se apoderaba del recinto, como el Espíritu Santo lo hizo de María, la pobre aldeana de Nazaret el día que le dijo que iba a ser la Madre de Dios. El mismo Espíritu que tumbó a Saulo de Tarso del caballo, para convertirlo en el más grande predicador de la historia.
Seguí rezando por mi familia, por Cuba y por todos los que me lo encargaron  hasta que no pude hablar más, una paz enorme dejó mi mente en blanco, y el corazón sólo gozaba, duró un instante, minutos, no lo sé…, sólo recuerdo un gozo inefable, con Ella, en el Corazón de Cuba.

Convivir como Dios manda

por: Glissett Valdés
Muchas veces me levanto  y miro, salgo de mi casa y miro, regreso y vuelvo a mirar, y a mí misma digo: ¿ Por qué todavía no aprendemos a amar, cuidar, contemplar todo, cuanto has creado y existe Señor? Pienso que no imaginan, cuanto Amor pusiste en tu obra, en todo lo que nos rodea.
A diario escucho “respeta para que te respeten”. La palabra respeto nos dice muchas cosas y la mencionamos sin comprender lo que significa. Leer más