Vive lo nuevo, con nueva actitud

Quizás
dé lo mismo si se trata de un año nuevo…
…o de un nuevo grupo de pertenencia,
…de un nuevo lugar donde vivir,
…de un nuevo amigo,
…o de una nueva pareja.
Nada puede ser realmente nuevo si uno lo vive desde viejas actitudes.
Por eso te deseo y me deseo
Que no se nos vaya nuestro tiempo de vida en asuntos que realmente no valgan la
pena.
Nadie vino a este mundo,
… a encerrarse en un lugar seguro
… a lograr la aprobación de los demás,
… a «matar el tiempo».
Que miremos hacia atrás sólo para cerrar los asuntos pendientes.
Es el único modo en que el pasado puede realmente pasar:
… decir lo largamente callado,
… hacerse cargo de los errores
… y pedir disculpas,
… y reconocer lo recibido
… y dar las gracias,
… comprender lo no comprendido,
… dejar ir lo que ya no es.
Cerrar lo inconcluso es comenzar a hacer espacio para lo Nuevo.
Que sepamos pedir ayuda cuando la necesitemos, para volver a
pararnos sobre nuestros propios pies.
Dejarse ayudar es un buen antídoto para la omnipotencia o la
necedad.
Que sepamos ayudar a quien lo necesite…
… sin perdernos en el otro,
… sin invadir ni manipular,
… sin generar dependencia,
… sin forcejear para que nadie cambie lo que no está dispuesto a cambiar.
Que seamos parte de aquellos que, más que un «Año Nuevo», celebran
cada día un Día Nuevo, intensamente Vivos.
Y es que hay un único tiempo:
AHORA
feliz
2010
por: Ángel Cuevas Villamañan

El 31 la calle y el lechón asado

El 31 de diciembre salí con las niñas a buscar dulces. La calle estaba casi vacía, no había ambiente de fiesta visible, ni adornos bonitos, ni comercios o timbiriches abiertos invitando a celebrar.
Sin embargo mientras caminaba, sentía a cada rato el clásico olor a lechón asado o frito de las fiestas familiares cubanas, también se podían oír reguetones, bolereos o salsas que hablaban de alegrías hogareñas.
Dí muchas gracias a Dios por la familia cubana, con tantos problemas y desgarros, pero ahí, para poner la fiesta donde tiene que haberla, y para alegrar la vida más allá «de la situación». El Espíritu de Dios sopla donde quiere, y lo vi soplar en la alegría familiar que delataba el olor lechón.
¿Están cocinando igual que mamá?, preguntó mi hija mayor en una esquina donde el olor era muy fuerte. Sí, le dije, pero no son sólo ellos, el Niñito Jesús los ayuda.
En mi barrio quermaron un muñeco «el año viejo» e hicieron una caldosa entre varias familias, varios se disfrazaron y «actuaron», tomaron ron y bailaron hasta muy tarde, sin exesos, gracias a Dios. Al otro día cada cual volvió a su trabajo y sus problemas, pero estoy seguro que con el alegrón de la noche anterior lo harán mejor. Yo por mi parte volví a agradecer a Dios por nuestras familias, y por el enorme potencial de alegría y solidaridad que permanece entre los cubanos.
¿Qué hago yo para potenciarlo?, buena tarea para un año que empieza.