Tiempo para la familia

La Navidad es un tiempo precioso para el cultivo de la vida en familia. Con su nacimiento en medio de una familia, Dios habla con su propia vida, del carácter divino de la institución familiar, formada por un hombre y una mujer que se unen libremente y se abren a la vida en su sentido más pleno.
En la familia es donde se educan, de manera privilegiada las virtudes cristianas y se enseña la relación con Dios, mediante la oración y la participación en la comunidad cristiana. Es también el lugar donde se aprenden las virtudes cívicas,  y se enseña a vivir en libertad sin que se pierda el respeto a los mayores y a las normas justas, y a la responsabilidad, sin que se pierda la libertad.
En la familia los niños aprenden a amar, viendo a sus padres amarse, y aprenden a comprometerse, viendo a sus padres hacerlo entre sí, con la comunidad y con la sociedad.
En la familia se aprende también a ser compasivo con el error del otro, a competir sanamente con el hermano y a ser discreto con los problemas que todos tenemos.
La familia es el lugar donde se desarrollan la fantasía y los sueños, que luego conformarán la subjetividad y la capacidad de crear que permiten a la persona trascender. La ilusión del regalo de los Reyes o Santa Clauss de hoy, serán los proyectos de mañana.
En la familia cristiana se aprende que ésta no es una isla, sino parte de una familia mayor que es la Iglesia y que adquirimos por el bautismo.
¿Estás aprovechando la vida en familia en este tiempo de Gracia?

Poema de Navidad

Puede que esta Navidad no tengamos la nieve,
la misteriosa nieve como una luz cayendo sobre nuestra casa.
Puede que no tengamos casa o cualquier otra palabra tibia que defina el hogar:
unas paredes, una mesa servida, un jarrón con rosas,
un villancico que nos haga llorar y hable del amor.
Puede que no tengamos un amor, un cuerpo que tiernamente se deje
recorrer, un territorio donde andar con absoluta libertad.
Puede que no tengamos libertad, que no sepamos reconocerla,
que confundamos sus límites con los límites del país.
Puede que no tengamos un país, un palmo de tierra
donde estén contenidos todas las tierras y los caminos y los pasos,
y donde ninguna ley sea más importante que la ley de ser uno mismo.
Un país al que entrar y salir como entra y sale el pájaro del aire.
Puede que no tengamos el aire suficiente,
el pulmón suficiente, la fuerza suficiente para cantar.
Que no tengamos voz ni canción que cantar.
Pero tenemos la Navidad.
Tenemos un sueño y otro año para conseguirlo.
Nelson Simón