Un encuentro con Jesús

Mateo 2:1-2
La época de Navidad es un tiempo muy esperado por ti. Quizás lo conviertes en el momento de preparar fiestas, visitar familiares y compartir regalos. Sin embargo, la Navidad puede significar para tu vida algo realmente especial ya que es una oportunidad más que Dios te da para tener un encuentro con Jesucristo.
En el tiempo del nacimiento de Jesús, muchas personas tuvieron el privilegio de encontrarse con Él, tal es el que caso de los magos que vinieron desde tierras lejanas. Estos hombres nos dejan una gran enseñanza, pues al ser hombres de ciencia con amplios conocimientos de astronomía, no se envanecieron sino que  invirtieron en un viaje desde el Oriente hasta Jerusalén, para tener un encuentro con el rey de los judíos. Entendieron que por encima de todo conocimiento, necesitaban a Jesús.
Esta Navidad es una oportunidad para que abras tu corazón a Jesucristo, pues sólo Él puede perdonar tu pecado, sanar tus heridas y darte una nueva vida. Es tiempo de que tú y yo tengamos un encuentro personal con Jesús.

La clave está en dar


En el mar muerto desemboca el río Jordán que es fuente de vida para muchas personas, plantes y animales en Palestina. Sin embargo el mar muerto es tan salado que no hay vida en él ni en sus alrededores. El agua que llega a él se evapora o se filtra a través de su fondo arenoso.

En contraste el lago Tiberíades o Mar de Galilea es un lugar lleno de peces, a cuyo alrededor florecen viñedos y pastizales, éste es también bañado por las aguas del Jordán, pero a diferencia del Mar Muerto, este lago deja salir nuevamente las aguas del río hacia el sur.

El mismo río, la misma agua, puede ser fuente de vida o lugar de muerte, todo depende de si corre o no. Todos nosotros recibimos por igual un torrente de vida, cualidades, capacidades, que vienen de Dios y de quienes nos han educado. Si las dejamos “salir” de nosotros en servicio a los demás, seremos como el Tiberíades, en cambio, si las guardamos sólo para nosotros seremos sólo salmuera.