Que tu hijo viva

Yami es una profesional de 25 años a quien conozco hace un par de años y se me acercó hace poco: “Me dijeron que en el Obispado puedo conseguir pastillas para abortar, tengo 8 semanas, y me dijeron en Genética que había posibilidad de que la criatura tuviese problemas, es que hace tres meses mi esposo y yo decidimos hacer una interrupción porque detectaron en un ultrasonido algo que podría ser un quiste, ellos dicen que puede repetirse, aunque las pruebas a mi esposo y a mí nos dan bien”.
“Yami”, le dije, “en el Obispado no hay pastillas para abortar, eso es un crimen y así lo considera la Iglesia, aunque no por eso te menosprecia, al contrario. Además, ¿vas a matar a tu hijo por una probabilidad escasa de que tenga un quiste?¿acaso no hay posibilidad que un niño sano pueda enfermarse gravemente o tener un accidente?¿por qué no se nos ocurre matarlos ante esa posibilidad?”
“Eres duro”, me dijo, “no encuentro otra manera de decir estas cosas” –contesté. Y entonces traté de exponerle brevemente la diferencia entre la importancia de contar con las investigaciones genéticas para el bienestar de los neonatos, y no dejarlos vivir porque puedan nacer enfermos.
“Deja que tu hijo viva”, le dije, y me sonrió. ¿Qué decisión tomará? Yo estoy orando, hazlo tú también.